7 de novembre de 2012

Racó del conte

T'agrada escriure? Tens textos que t'agradaria compartir?
Ara pots publicar els teus escrits aquí. Entra al Racó del Conte i deixa el teu relat.

 En Javier Márquez de 1ESO C ens ha deixat aquesta història. Si voleu passar una bona estona llegiu-la. Gràcies Javier.
La leyenda de los príncipes
Érase una vez, en un poblado de tierras desconocidas, donde se respiraba paz y tranquilidad, lideraba el rey Alfredo, también conocido como ``El Magnífico´´ por haber liberado a su pueblo en numerosas ocasiones de la esclavitud, la pobreza y el hambre. Por aquello, el rey Alfredo era conocido en todo un continente. El rey tenía dos hijos que eran, por orden de edad, Rodrigo y Fernando. Este último fue desterrado y llevado a encarcelar. Fernando o, como muchos le llamaban, el jinete oscuro, cientas de veces había sido detenido por actos vandálicos, tales como intentar quemar su propio pueblo. Que decir de Rodrigo, era todo lo contrario a su hermano, era un niño prodigioso. Probablemente, los celos se apoderaron de Fernando, dejándole resignado de ser un buen niño.
Pasó el tiempo. Los dos hermanos deberían rozar los veinte años.
Fernando todavía estaba cumpliendo condena en una cárcel mágica, de alta seguridad, llamada por todos
``La jaula encantada´´. Alfredo había caído en una terrible enfermedad: la peste. Por desgracia, no tenía cura. Pronto se decidiría el heredero de la corona. Esta noticia llegó a los oídos de Fernando, quien reaccionó y llamó al mago más conocido de la comarca: ``El Pingüino´´. Pretendía, de una vez por todas, salir de aquella cárcel con su ayuda. Algunos rebeldes, que estaban a los pies de Fernando, le trajeron al hechicero a la celda.
-¿Quién osa pedirme acercarme a una cárcel que yo mismo creé?
-¿No me conoces, Pingüino?
-Ahh, sí. Te recuerdo, jinete. Recuerdo cuando te trajimos a esta cárcel. Apenas tenías trece años.
-Sí, así es. Quería pedirte un favor.
-¿De que se trata?
-Como ya sabrás, soy hijo de Alfredo, el Magnífico.
-¿De Alfredo? He oído que ha caído en una terrible enfermedad.
-Sí, más vale que muera pronto. Yo debería ser el nuevo rey, y no ese estúpido de Rodrigo.
-Te puedo dar fuerza, la suficiente como para salir de aquí y llegar al reinado de Alfredo, en menos de una hora. Eso sí, serás un fugitivo. No será sigilosa la manera de entrar.-El Pingüino le pasó un brebaje a Fernando entre los barrotes-Puede que con este ungüento te sientas lleno de energía, un gigante. Pero no abuses de tu fuerza, estás advertido.
-Estoy a entrar en guerra con mi hermano, veamos como puede ayudar el ungüento.
Fernando se bebió la pócima, su tamaño aumentó y derribó la pared de la celda. Salió corriendo a una velocidad a la que nadie le podria haber perseguido, almenos a ese ritmo.
Llegó, como había previsto el mago, en menos de una hora a la fortaleza de su moribundo padre. De un golpe, derribó a los guardias que vigilaban la entrada al castillo. Ricardo, que estaba rezando en la habitación de su padre, dio un giro repentino al oír el enorme estruendo que estaba causando su hermano. Se abrió la puerta y rápidamente Fernando cogió a Rodrigo del cuello y le dijo:
-Hola hermano. Cuanto tiempo sin vernos.
-Hermano, podemos reinar los dos juntos, en paz. Olvidémonos del pasado.
-Ya es tarde, hermanito. El trono será mío. Entonces me olvidaré de los diez años anteriores, que pasé en esa horrible cárcel. Me olvidaré de padre, de ti y de los estúpidos castigos.
Fernando apretó tanto a Rodrigo que le dejó sin respiración. Una trágica muerte para un alma tan buena. Pasados dos días, Fernando era el nuevo rey. Ordenó quemar todas las casas de los aldeanos. Pero una tempestad cayó sobre el pueblo. Era imposible prender una sola llama. Así pasaron días, semanas, meses. El castillo de Fernando estaba comenzando a inundarse, por todos lados había agua. Tal vez Fernando, por así decirlo, hubiera necesitado un paraguas. Pero el único del castillo lo había tenido su hermano, al que asesinó. Además, Fernando no sabía nadar. Moriría ahogado, como su hermano. Tal vez, algún día los dos espíritus se perdonaran y convivieran en paz, lejos del trágico final que tuvieron los hermanos, junto al rey Alfredo.